Moral y conveniencia

La aparición del hombre sobre la faz de la tierra significó la llegada de un ser singular ya que no existía hasta ese momento, ni existe hasta el presente, otro espécimen en la creación conocida con sus características diferenciales.

Y cuales son dichas características?

Pueden mencionarse unas cuantas. Pero hay una que me parece decisiva y fundamental y que da origen a todas las demás. Dicha característica es la conciencia de sí mismo. El hombre es el único ser del que tengamos conocimiento que tiene dicha facultad.

Tener conciencia de sí mismo equivale a un desdoblamiento del ser. Como si el individuo pudiera apartarse unos pasos de si mismo, mirarse, observar sus movimientos, sus acciones, también escudriñar sus pensamientos y sentimientos y, como consecuencia, analizarlos, juzgarlos y criticarlos.

Esta capacidad de observarse a si mismo le hace descubrir ante todo su finitud y con ella, sus debilidades y falencias. Le hace percibirse en un entorno lleno de amenazas. Los fenómenos naturales, los animales y los demás hombres son potenciales enemigos de su integridad.

El terror a estos peligros lo empuja al deseo de dominar estos elementos, y para ello necesita poseerlos o destruirlos.

Este instinto defensivo, que en el mundo animal se limita a lo estrictamente necesario para la supervivencia, en el ser humano pasa de ser un medio a un fin en si mismo.

Allí se produce otra consecuencia del desdoblamiento, lo que el hombre hace en exceso de la estricta necesidad y lo que debe hacer. En el reino animal esta división no existe. El animal mata su presa para comer pero no va mas allá de eso. No acumula, no comercia, no atesora por el solo gusto de tener.

Todas las culturas que habitan en nuestro planeta han advertido que el exceso de esta necesidad de defensa termina conspirando contra la misma seguridad que se pretende defender. En el extremo, el hombre terminará destruyendo el propio entorno que le da sustento: el medio ambiente, las especies animales y vegetales y, en un mundo cada vez más empobrecido, se enredará en guerras de exterminio con los demás seres humanos. Ya estamos asistiendo a algo de esto.

Las normas morales procuran moderar los impulsos del hombre, generar un clima de afecto y de confianza, proveer sostén a las leyes y achicar la brecha entre lo que se hace y lo que se debe hacer.

Las religiones y la educación, con diferentes abordajes, apuntan a este fin.

Las religiones desarrollando la conexión del ser humano con la divinidad como fuente de vida, de equilibrio y de las normas que emanan de ella. La educación a través del conocimiento del mundo, de sus criaturas, de la interdependencia de todo lo que existe y de las normas dictadas por los hombres orientadas a regular las relaciones entre ellos.

Pero siempre existe una tensión entre el obrar y el deber. Parece que lo que conviene no es moral y lo que es moral no conviene. Se considera que cuando la conducta se ajusta a la moral lo hace renunciando a ventajas personales a cambio de beneficios espirituales un tanto difusos.

El Aikido realiza un aporte original y único en este sentido. Morihei Ueshiba O Sensei descubrió en la armonía una potencia insuperable, una correlación inmediata entre lo que se debe y lo que conviene hacer. En Aikido no hay bifurcación entre ambos conceptos.

A medida que recorremos el camino del Aiki a través de la práctica vamos percibiendo que el choque de fuerza contra fuerza produce pérdida de energía y, aunque uno de los dos contendientes venza, su victoria es desgastante y efímera.

Aikido nos enseña a ser sinceros, amables y al mismo tiempo firmes, a unirnos al movimiento del atacante y a su respiración, a mirar en su misma dirección, a acompañar su proyección energética y a permitirle experimentar los efectos de su propia acción.

A través de la práctica descubrimos los beneficios de sumar energías y voluntades y la inutilidad de la agresión y la destrucción, a utilizar la energía positivamente y a trasmutar guerras inútiles en fructífera paz.

Percibimos con nuestro cuerpo, con nuestra mente y nuestro espíritu, que las técnicas de Aikido son tanto más efectivas cuanto más están imbuidas de estas cualidades.

Aikido es moral por conveniencia.


Luis Guz
3/8/00

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